Pablo Fuchsberger

Farmflation™

Cómo sembrar activos y
protegernos de la inflación

«Su patrimonio está sembrado sobre un campo inflacionario. Este libro trata sobre qué plantar.»

Ilustración de un árbol de billetes creciendo de una maceta con monedas y raíces, símbolo de Farmflation

Usted se encuentra en una relación tóxica con la inflación

No la eligió, no la firmó, no puede mudarse lejos de ella y no existe trámite que la disuelva. Conviven las veinticuatro horas del día, desde su primer ingreso hasta el último. Y, como toda relación de la que no se puede salir, tiene varias caras.

La cara amable

Usted compró una propiedad a crédito. Año tras año ve cómo el inmueble se aprecia mientras la deuda se achica sola. Ahí la inflación trabaja para usted, y usted la quiere, aunque no lo diga en voz alta.

La cara hostil

El supermercado. El mismo carrito, los mismos productos, y todos los meses una factura más alta. Ahí la inflación le saca del bolsillo, y usted la detesta con la misma sinceridad con que la apreciaba en el párrafo anterior.

La cara engañosa

Llega el ajuste salarial y usted festeja. Pero no le dieron nada: le devolvieron parte de lo que le habían quitado, y tarde. Festejarlo es celebrar que le devuelvan un poco de lo que le sacaron.

«De la euforia al enojo y del enojo a la euforia, mes tras mes, durante cuarenta años de vida productiva. Que usted no termine de entender este vínculo no es un efecto colateral: es la condición que lo hace funcionar.»

Cuando los precios suben, el poder siempre encuentra a quién culpar

Diocleciano · año 301

El Edicto sobre Precios Máximos

La receta, en una línea: si los precios suben, que se prohíba que suban.

El Imperio romano había depreciado su moneda una y otra vez durante el siglo III. La respuesta del emperador no fue frenar la emisión, sino fijar topes a más de mil productos, salarios y fletes — castigados con severidad, incluso con la muerte.

Ironía: el gobierno había deteriorado la moneda y después castigó a los comerciantes porque los precios habían subido.

Richard Nixon · año 1971

Noventa días de congelamiento

La receta, versión moderna: combatir la inflación congelando los precios.

En agosto de 1971, Nixon congeló salarios y precios por noventa días. La inflación no desapareció: simplemente recibió la orden de no aparecer en el índice. Cuando los controles se levantaron, volvió con más fuerza.

Ilusión: confundir el termómetro con la fiebre.

Este libro trata sobre qué plantar

Farmflation nace de dos palabras: farming e inflation. Cada activo que usted tiene se relaciona con la inflación de una manera distinta: algunos la capturan, otros se hunden con ella. El libro ordena todo en cuatro partes.

1

Origen e historia de la inflación

Por qué el dinero pierde valor, quién decide que lo pierda y por qué esto no va a cambiar — de Diocleciano a la Reserva Federal.

2

Activos que no conviene sembrar

Efectivo, plazos fijos, bonos nominales: por qué pierden la carrera contra la inflación, silenciosamente, todos los meses.

3

Activos que se mantienen solos

Oro, plata, bonos ajustados, inmuebles de renta: lo que alcanza a empatarle a la inflación, y a qué costo.

4

Farmflation: activos que ganan

Acciones, portafolios de acumulación, distribución y Berkshire Hathaway, Bitcoin en su justa medida — lo que de verdad supera a la inflación.

Señal y ruido

El precio de una acción sube y baja todos los días: eso es ruido. Lo que importa es la tendencia de fondo, la señal — y esa señal solo cuenta si le gana a la inflación.

Gráfico de señal y ruido Una línea de puntos gruesos representa el ruido de la cotización diaria. Una línea negra lisa representa la señal: el negocio nominal. Una línea roja, cada vez más abajo, representa ese mismo negocio en términos reales, descontada la inflación, con flechas que muestran cuánto le resta la inflación con el paso del tiempo. tiempo →
Cotización, el ruido diario.
La señal, el negocio nominal.
El negocio real, descontado de la inflación.

«La cotización (realidad) oscila alrededor de la tendencia de crecimiento del negocio; la inflación marca el piso que esa tendencia debe superar.»

El mismo truco, siglos distintos

Old Coppernose

De todos estos episodios, uno de mis favoritos es el de Enrique VIII de Inglaterra, que pasó a la posteridad por la manera en que trató a sus esposas y quizá debería haberlo hecho también por la manera en que trató a su moneda.

Durante su reinado, el contenido de plata de las monedas se redujo drásticamente. La capa superficial de plata era tan delgada que empezó a gastarse justo en la parte más prominente del retrato real: la nariz. Y debajo apareció el cobre.

Los ingleses descubrieron el truco y bautizaron al rey Old Coppernose, «viejo nariz de cobre». El propio rostro del monarca se había convertido en la prueba de que la moneda estaba adulterada.

Una idea antigua y, como verá en el resto del libro, muy vigente.

Capítulo 1 — La moneda.

Estados Unidos hoy y una anécdota

La anécdota es tan surrealista que parece inventada. A comienzos de 2001, Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal, explicaba ante el Senado que, tras varios años de superávit fiscal, las proyecciones oficiales contemplaban la posibilidad de que la deuda federal en manos del público prácticamente desapareciera en la década siguiente — y analizaba los problemas que eso traería.

La preocupación era genuina y técnicamente legítima, porque el bono del Tesoro es una pieza central de la infraestructura financiera mundial: la referencia de la tasa libre de riesgo, el refugio de la liquidez, el instrumento con el que se ejecuta la política monetaria. ¿Qué pasaría si dejara de existir?

Compare esa escena con la de hoy. El mismo país que en 2001 discutía qué hacer si se quedaba sin deuda debe hoy más de 40 billones de dólares — cuarenta millones de millones. No hizo falta una revolución ni el fin del capitalismo: alcanzó con que los gobiernos siguieran haciendo, durante veinticinco años, lo que los políticos tienen incentivos para hacer.

Capítulo 3 — El déficit. Datos a septiembre de 2026.

Pablo Fuchsberger, autor de Farmflation

Pablo Fuchsberger

Uruguayo, ingeniero en Computación y máster en Administración de Empresas, con treinta años de experiencia en los mercados. Inició su carrera en Fondos Santander, donde participó en la gestión de cuatro fondos de inversión. En el año 2000 cofundó un portal de noticias financieras en español con servicios de intermediación bursátil, y más tarde cofundó y gestionó tres fondos de inversión privados.

Se especializó en inversiones y modelos vinculados a la volatilidad, con foco en el análisis de series de tiempo utilizando técnicas no convencionales como inteligencia artificial. Escribe columnas de opinión sobre tecnología y mercados financieros en varios medios.

Empiece a sembrar antes de que la inflación coseche primero

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